Pie diabético y heridas: Cómo cuidarlas adecuadamente
Guía sobre el cuidado de heridas en el pie diabético: limpieza, apósitos, señales de alerta y seguimiento profesional. Los Ángeles, Chile.
El pie diabético es una de las complicaciones más serias de la diabetes mellitus. Cuando aparece una herida en los pies de una persona con diabetes, el riesgo de infección, deterioro tisular y complicaciones graves aumenta de forma significativa. Esto ocurre porque la diabetes afecta simultáneamente la circulación sanguínea y la sensibilidad nerviosa, dos mecanismos fundamentales para la cicatrización normal.
En Los Ángeles y la región del Biobío, muchos pacientes con diabetes llegan a consulta podológica con heridas que han sido subestimadas o mal tratadas en casa. Este artículo entrega una guía práctica y actualizada sobre cómo identificar, limpiar y cuidar correctamente una herida en el pie diabético, y cuándo es imprescindible buscar atención profesional.
Por qué las heridas en el pie diabético son diferentes
En una persona sin diabetes, el cuerpo responde ante una herida con una cascada inflamatoria organizada: llega sangre rica en oxígeno y glóbulos blancos, se activan los fibroblastos y el tejido cicatriza en días. En el pie diabético, este proceso se ve comprometido en varias etapas.
Neuropatía periférica
La neuropatía diabética daña los nervios del pie, eliminando o reduciendo la sensación de dolor, temperatura y presión. Esto significa que el paciente puede caminar durante días sobre una herida sin sentirla. La lesión avanza sin que haya alerta de dolor, que es la señal de alarma natural del cuerpo.
Insuficiencia vascular
La diabetes provoca engrosamiento y rigidez de las paredes arteriales. El aporte de sangre a los tejidos distales del pie disminuye, reduciendo la entrega de oxígeno, nutrientes y células defensivas. Una herida sin riego sanguíneo adecuado simplemente no puede cicatrizar, sin importar cuántos apósitos se coloquen.
Inmunosupresión relativa
Los niveles elevados de glucosa en sangre afectan la función de los neutrófilos y macrófagos, células clave en la defensa contra bacterias. Esto hace que las infecciones progresen más rápido y sean más difíciles de controlar en pacientes diabéticos.
El resultado de estas tres alteraciones es que una herida pequeña, incluso una ampolla o una pequeña fisura en el talón, puede evolucionar en días hacia una úlcera pie diabético profunda con tejido necrótico e infección activa.
Tipos de heridas más frecuentes en el pie diabético
Conocer la naturaleza de la herida ayuda a elegir el manejo correcto:
- Ampollas por fricción: generadas por calzado inadecuado o calcetines con costuras. Pueden infectarse si se rompen sin higiene adecuada.
- Fisuras en el talón: comunes en piel seca. Cuando alcanzan el tejido subcutáneo, representan una puerta de entrada para bacterias.
- Heridas por roce o golpe: el paciente no las siente y sigue cargando peso sobre ellas.
- Úlceras neuropáticas: localizadas en zonas de presión como la cabeza de los metatarsianos o el talón, con bordes definidos y fondo con frecuencia fibroso.
- Úlceras vasculares: de bordes irregulares, piel circundante fría y sin pulsos palpables, muy dolorosas cuando hay suficiente sensibilidad conservada.
Cómo limpiar una herida en el pie diabético
La limpieza es el primer paso y uno de los más importantes. Hacerlo incorrectamente puede agravar el daño tisular.
Materiales necesarios
- Suero fisiológico (solución salina al 0,9%) o agua potable limpia
- Gasas estériles (no algodón, que deja fibras)
- Guantes de látex o vinilo
- Apósito apropiado según tipo de herida
Pasos para la limpieza correcta
- Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos antes de tocar la herida.
- Irrigar la herida con suero fisiológico a presión moderada, utilizando una jeringa sin aguja si es posible. El objetivo es arrastrar los detritos y bacterias superficiales sin dañar el tejido de granulación.
- No usar agua oxigenada, alcohol ni yodo concentrado sobre el lecho de la herida. Estos productos son citotóxicos y destruyen las células que están intentando regenerar el tejido.
- Secar suavemente los bordes de la herida con una gasa estéril, sin frotar el centro.
- Cubrir con el apósito indicado por el podólogo o médico tratante.
Tipos de apósitos y cuándo usar cada uno
El mercado ofrece muchas opciones, pero la elección del apósito depende de las características de la herida. La automedicación en este punto puede ser contraproducente.
Apósitos de gasa húmeda
Son útiles en heridas limpias y superficiales como punto de partida. Deben cambiarse con frecuencia para evitar que se sequen y adhieran al lecho de la herida, lo que causaría daño al retirarlos.
Apósitos hidrocoloides
Forman un ambiente húmedo que favorece la cicatrización. Son adecuados para heridas con escaso exudado. No deben usarse en heridas infectadas.
Apósitos de espuma (foam)
Absorben mayor cantidad de exudado y son útiles en heridas moderadamente exudativas. Reducen la frecuencia de cambio de apósito, lo que disminuye el trauma sobre el tejido en formación.
Apósitos con plata
Tienen actividad antimicrobiana. Se indican en heridas con signos de colonización bacteriana crítica o infección leve. Su uso debe ser indicado y supervisado por un profesional de salud.
Apósitos de alginato
Derivados de algas, son altamente absorbentes y se utilizan en heridas con abundante exudado o con tejido necrótico húmedo. Al contacto con el exudado, forman un gel que mantiene el ambiente húmedo y favorece el desbridamiento autolítico.
La selección del apósito correcto es parte del tratamiento integral que ofrece la podología especializada. Si tiene dudas, revise nuestros servicios para conocer las opciones de atención disponibles en Los Ángeles.
Descarga de presión: Un pilar fundamental
Una herida en la planta del pie no puede cicatrizar si el paciente sigue cargando peso sobre ella en cada paso. La descarga de presión es tan importante como cualquier apósito.
Las principales estrategias son:
- Yeso de contacto total (TCC): considerado el estándar de referencia para úlceras neuropáticas plantares. Distribuye la presión en toda la extremidad.
- Bota removible con cuña de descarga: permite al paciente revisarse la herida y cambiar apósitos, aunque su efectividad depende de la adherencia del usuario.
- Calzado terapéutico y plantillas personalizadas: útiles en la fase de mantenimiento y prevención. Conozca más sobre la importancia del calzado para diabéticos en la evolución de estas lesiones.
- Reposo en cama o uso de muletas: en casos severos o cuando las opciones anteriores no son viables.
Señales de alerta: Cuándo acudir de urgencia
Algunas señales indican que la herida está progresando hacia una infección grave o una complicación vascular que requiere atención médica inmediata:
- Enrojecimiento extenso alrededor de la herida que crece en horas o días.
- Calor local marcado en comparación con el resto del pie.
- Secreción purulenta (pus) de color amarillo, verde o con mal olor.
- Fiebre o escalofríos: señal de que la infección puede haber alcanzado el torrente sanguíneo.
- Líneas rojas que se extienden desde la herida hacia la pierna: indican linfangitis, una infección grave de los vasos linfáticos.
- Tejido negro o de color gris oscuro en el lecho de la herida: necrosis tisular.
- Herida que no mejora después de dos semanas de tratamiento adecuado.
- Aumento del dolor en un paciente que habitualmente no siente molestias: paradójicamente, el dolor puede aparecer con infecciones profundas.
Ante cualquiera de estas señales, no espere la próxima consulta programada. Acuda a urgencias o contacte directamente a su equipo de salud.
Control glucémico y cicatrización
Ningún tratamiento local de la herida funcionará si el control metabólico del paciente es deficiente. La hiperglucemia mantenida es el principal enemigo de la cicatrización, independientemente del apósito que se utilice.
Metas glucémicas generales durante el tratamiento de una herida:
- Glucosa en ayunas: entre 80 y 130 mg/dL
- Glucosa postprandial: menor a 180 mg/dL
- Hemoglobina glicosilada (HbA1c): idealmente bajo 7,5%
El trabajo coordinado entre el médico tratante, el endocrinólogo y el podólogo es esencial para lograr estas metas mientras se maneja la herida activa.
El rol del podólogo en el manejo de heridas
El podólogo especializado en pie diabético cumple un papel central en el tratamiento de estas lesiones. Sus funciones incluyen:
- Desbridamiento: eliminación del tejido necrótico, fibroso o hipercalloso que rodea la herida e impide la cicatrización. Esta técnica, realizada con instrumental estéril, es fundamental y no debe intentarse en casa.
- Evaluación vascular y neurológica: mediante pruebas como el monofilamento de Semmes-Weinstein, el índice tobillo-brazo y la evaluación de pulsos.
- Selección y cambio de apósitos: con criterio clínico basado en la evolución de la herida en cada visita.
- Clasificación de la herida: usando sistemas como Wagner o UT San Antonio para determinar la gravedad y guiar el tratamiento.
- Derivación oportuna: cuando la lesión requiere cirugía vascular, hospitalización o tratamiento con oxígeno hiperbárico.
En nuestra clínica podológica en Los Ángeles atendemos a pacientes de toda la región del Biobío, incluyendo Mulchén, Nacimiento, Santa Bárbara y Angol, que requieren manejo especializado de heridas en pie diabético.
Frecuencia de revisión y seguimiento
La frecuencia de las consultas depende de la gravedad y evolución de la herida:
- Heridas superficiales sin infección: control cada 7 a 14 días.
- Heridas con infección leve o moderada: control cada 2 a 5 días.
- Heridas complejas o con necrosis: control diario o en coordinación con equipo hospitalario.
En cada visita, el podólogo documentará el tamaño, profundidad, aspecto del lecho y la piel perilesional, permitiendo evaluar si la herida avanza correctamente hacia la cicatrización o si es necesario modificar el plan de tratamiento.
Prevención de nuevas heridas
Una vez que una herida cicatriza, el riesgo de recurrencia sigue siendo alto. Las medidas preventivas son parte permanente del manejo del pie diabético:
- Revisión diaria de los pies con espejo si la movilidad es limitada.
- Hidratación de la piel con cremas emolientes, evitando los espacios interdigitales.
- Corte de uñas recto, sin cortar las esquinas.
- Uso de calzado adecuado, sin costuras internas, con puntera amplia y suela rígida.
- No caminar descalzo, ni en interiores.
- Consulta podológica preventiva cada 1 a 3 meses según el nivel de riesgo.
Atención profesional en Los Ángeles
El pie diabético requiere un enfoque multidisciplinario, constancia y paciencia. El cuidado en casa tiene un rol importante, pero nunca reemplaza la evaluación y el tratamiento realizados por un podólogo capacitado.
Si usted o un familiar residen en Los Ángeles o en la provincia del Biobío y presentan una herida en el pie, cambios en la piel, callosidades dolorosas o simplemente desean una evaluación preventiva, le invitamos a solicitar una hora de atención. El diagnóstico oportuno puede marcar la diferencia entre una cicatrización exitosa y una complicación grave.
Puede conocer todos nuestros tratamientos disponibles en nuestra página de servicios o escribirnos directamente a través de la página de contacto. Estamos aquí para acompañarle en cada etapa del cuidado de su salud podológica.