·10 min read·Prevención

Problemas de pies en trabajadores que están de pie todo el día

Conoce los problemas podológicos más comunes en personas que trabajan de pie y cómo prevenirlos. Atención profesional en Los Ángeles, Chile.

Pasar ocho, diez o más horas diarias de pie es una realidad para millones de trabajadores en Chile: cajeras de supermercado, operarios de fábrica, enfermeras, cocineros, docentes, guardias de seguridad y muchos otros. El cuerpo humano está diseñado para alternar entre el movimiento y el reposo, no para mantener una carga estática prolongada sobre los pies. Cuando esa alternancia no ocurre, los pies pagan el precio.

En nuestra consulta podológica en Los Ángeles, Biobío, atendemos a diario a pacientes cuyas molestias tienen una causa directa en su jornada laboral. Comprender cuáles son los problemas más frecuentes, por qué se producen y cómo prevenirlos puede marcar la diferencia entre una vida laboral cómoda y años de dolor innecesario.


Por qué el trabajo de pie daña los pies

Cuando permanecemos de pie sin movernos, el retorno venoso se ve comprometido: la sangre tiende a acumularse en las extremidades inferiores porque no contamos con la bomba muscular que activa el caminar. Al mismo tiempo, el peso corporal se distribuye de forma desigual sobre las estructuras del pie, sobrecargando la fascia plantar, los metatarsos, los talones y las articulaciones pequeñas.

Con el tiempo, estos tejidos se inflaman, se deforman o desarrollan mecanismos de defensa —como el engrosamiento de la piel— que, si no reciben atención adecuada, se convierten en patologías crónicas.


Problemas podológicos más comunes en trabajadores de pie

1. Fascitis plantar

Es, probablemente, la dolencia más frecuente en este grupo de trabajadores. La fascia plantar es una banda de tejido fibroso que recorre la planta del pie desde el talón hasta los dedos. Cuando se somete a una tensión repetida y prolongada, se inflama y genera un dolor agudo, especialmente al dar los primeros pasos por la mañana o al reincorporarse tras un período de reposo.

Los trabajadores que pasan muchas horas sobre superficies duras —como el cemento de una fábrica o el mármol de un supermercado— tienen un riesgo considerablemente mayor de desarrollarla. Si sientes un dolor punzante en el talón que cede a medida que caminas pero reaparece tras el reposo, es importante consultar a un podólogo cuanto antes. En nuestro artículo sobre fascitis plantar encontrarás información detallada sobre su diagnóstico y tratamiento.

2. Metatarsalgia

La metatarsalgia es el dolor localizado en la zona del antepié, justo detrás de los dedos. Se produce cuando los huesos metatarsianos soportan una presión excesiva durante períodos prolongados. Es muy habitual en personas que trabajan de pie sobre superficies duras y que no utilizan calzado con amortiguación adecuada.

Los síntomas incluyen una sensación de quemazón o entumecimiento en la zona anterior del pie, la impresión de "pisar una piedra" y dolor que se intensifica al final de la jornada laboral.

3. Callosidades y durezas

Las callosidades son engrosamientos de la piel que el cuerpo genera como respuesta a la fricción y la presión repetidas. En trabajadores de pie, aparecen con mayor frecuencia en los talones, las plantas y las cabezas de los metatarsianos. Si bien son una reacción de defensa natural, cuando alcanzan un grosor excesivo pueden fisurarse, doler y convertirse en una puerta de entrada para infecciones, especialmente en pacientes con diabetes o mala circulación.

El tratamiento profesional es fundamental para eliminarlas de forma segura y sin dañar el tejido sano circundante. Puedes leer más sobre sus causas y el abordaje correcto en nuestro artículo sobre callosidades en los pies.

4. Edema e insuficiencia venosa

La retención de líquido en pies y tobillos al final de la jornada es una queja muy habitual. Se produce porque el estancamiento venoso favorece la filtración de plasma hacia los tejidos. En sus fases iniciales se manifiesta como pesadez y sensación de pies hinchados; con el tiempo puede evolucionar hacia varices, cambios en la coloración de la piel y, en los casos más graves, úlceras venosas.

Las medias de compresión graduada son una herramienta preventiva eficaz que muchos trabajadores desconocen. Un podólogo puede orientar sobre el tipo de compresión más adecuado según cada caso.

5. Onicocriptosis (uña encarnada)

El uso prolongado de calzado de seguridad o zapatos estrechos presiona los bordes de las uñas contra el tejido blando circundante. Las uñas de los pulgares son las más afectadas. La uña encarnada provoca dolor intenso, inflamación y, si no se trata a tiempo, puede infectarse y requerir una intervención quirúrgica menor.

El corte incorrecto de las uñas —demasiado cortas o en forma curva en lugar de recta— agrava el problema. Un podólogo puede corregir la técnica de corte y, cuando es necesario, realizar una matricectomía parcial para eliminar el borde conflictivo de forma definitiva.

6. Pie plano adquirido y tendinopatía del tibial posterior

El arco plantar puede caer progresivamente en adultos que someten su pie a cargas excesivas sin el soporte adecuado. Esta condición, conocida como pie plano adquirido del adulto, suele estar asociada a la inflamación del tendón tibial posterior, cuya función es precisamente mantener el arco. El dolor se localiza en la cara interna del tobillo y el arco, y puede irradiarse hacia la pierna.

Sin tratamiento, el tendón puede romperse parcial o totalmente, lo que convierte una molestia corregible en una discapacidad seria.

7. Bursitis y neuroma de Morton

La bursitis es la inflamación de las bolsas sinoviales que amortiguan las articulaciones del pie. En trabajadores de pie, las más afectadas suelen ser las del talón y el antepié. El neuroma de Morton, por su parte, es un engrosamiento del nervio que discurre entre los dedos tercero y cuarto, y provoca una sensación de descarga eléctrica o quemazón en el antepié, a menudo acompañada de entumecimiento en los dedos.

Ambas condiciones responden bien al tratamiento conservador cuando se detectan de forma temprana.


Factores de riesgo que agravan el problema

No todos los trabajadores que pasan el día de pie desarrollan estas patologías con la misma intensidad. Existen factores que aumentan significativamente el riesgo:

  • Superficies duras: El cemento, el acero y el mármol no absorben el impacto y transmiten toda la vibración al esqueleto.
  • Calzado inadecuado: El calzado de seguridad obligatorio en muchos entornos industriales no siempre prioriza la ergonomía del pie. Consulta nuestro artículo sobre calzado de seguridad y salud podal para saber cómo elegir el modelo más adecuado.
  • Sobrepeso: Cada kilo adicional multiplica la presión sobre las estructuras plantares.
  • Falta de descansos activos: Permanecer estático en el mismo punto es más perjudicial que caminar, ya que el movimiento activa la circulación.
  • Alteraciones biomecánicas previas: El pie plano, el pie cavo o la hiperpronación no tratados se descompensan más rápidamente ante una carga laboral intensa.
  • Calzado sin cambiar: Usar el mismo par de zapatos todos los días sin rotar entre dos pares acelera el deterioro de la amortiguación.

Estrategias de prevención

Higiene postural y microdescansos

Siempre que sea posible, alterna el apoyo entre ambos pies y cambia de postura cada 20 o 30 minutos. Realizar pequeños movimientos de bomba con los tobillos —elevar y bajar los talones— activa el retorno venoso sin necesidad de detener la actividad.

Elección del calzado correcto

El calzado debe ofrecer:

  • Puntera amplia que no comprima los dedos.
  • Amortiguación en el talón y el antepié.
  • Soporte del arco plantar acorde a tu tipo de pie.
  • Material transpirable para prevenir la humedad excesiva, que favorece hongos e irritaciones.

En entornos donde se exige calzado de seguridad, existen modelos certificados que incorporan plantillas ergonómicas y materiales más ligeros. Invertir en ellos es una decisión que protege la salud a largo plazo.

Plantillas ortopédicas personalizadas

Las plantillas a medida redistribuyen la presión sobre el pie, corrigen alteraciones biomecánicas y amortiguan el impacto sobre superficies duras. Un podólogo realiza un estudio de la pisada —estudio podoscópico o baropodométrico— para diseñar la plantilla más adecuada a cada paciente y a sus condiciones de trabajo específicas.

Ejercicios de fortalecimiento y estiramiento

Dedicar diez minutos al día a ejercitar los pies produce beneficios acumulativos notables:

  • Estiramiento de la fascia plantar: Sentado, cruza un pie sobre la rodilla opuesta, tira suavemente de los dedos hacia ti y mantén la posición 30 segundos. Repite tres veces en cada pie.
  • Elevaciones de talón: De pie, eleva los talones del suelo hasta ponerte de puntillas, mantén dos segundos y desciende de forma controlada. Fortalece el tríceps sural y el tendón de Aquiles.
  • Recogida de objetos con los dedos: Recoger un trapo o canicas del suelo con los dedos del pie fortalece la musculatura intrínseca y ayuda a mantener el arco.

Hidratación y cuidado de la piel

Los pies secos y con callosidades se fisuran con mayor facilidad. Aplicar una crema hidratante con urea después de la ducha y antes de dormir mantiene la piel en condiciones óptimas. Evita aplicarla entre los dedos para no favorecer la maceración.

Revisión podológica periódica

Una revisión anual —o semestral en caso de patologías previas o diabetes— permite detectar alteraciones en sus fases iniciales, cuando son más fáciles y económicas de tratar. No esperes a que el dolor te impida trabajar.


La importancia de la atención especializada

Muchos trabajadores normalizan el dolor de pies como una consecuencia inevitable de su trabajo. Esta resignación tiene un coste real: pérdida de productividad, baja laboral, deterioro de la calidad de vida y, en los casos más graves, lesiones crónicas que limitan la movilidad de forma permanente.

El podólogo es el profesional sanitario especializado en el diagnóstico, tratamiento y prevención de las patologías del pie y el tobillo. A diferencia de los tratamientos superficiales que ofrece el mercado —plantillas genéricas, parches para callos o aparatos de vibración— la atención podológica se basa en una evaluación clínica rigurosa y en un plan terapéutico individualizado.

En Los Ángeles, Biobío, contamos con una consulta especializada orientada precisamente a este perfil de paciente: personas activas, en edad laboral, que necesitan soluciones eficaces y duraderas para poder seguir trabajando sin dolor.


Cuándo consultar con urgencia

Aunque muchas molestias podológicas son de evolución lenta, hay situaciones que requieren atención prioritaria:

  • Dolor agudo que aparece de forma repentina y no cede con el reposo.
  • Inflamación intensa, enrojecimiento o calor localizado en el pie o el tobillo.
  • Heridas que no cicatrizan, especialmente en pacientes con diabetes o mala circulación.
  • Cambio en la forma del pie o incapacidad para apoyarlo con normalidad.
  • Fiebre acompañada de dolor en el pie.

En estos casos, acude a consulta sin demora. Una infección o una fractura por estrés no tratadas a tiempo pueden derivar en complicaciones serias.


Atención podológica en Los Ángeles, Chile

Si trabajas de pie y sientes molestias en los pies o los tobillos, no lo postergues. En nuestra consulta realizamos una evaluación completa de tu pisada y tus condiciones laborales para ofrecerte el tratamiento más adecuado: desde el cuidado de callosidades y uñas hasta la confección de plantillas ortopédicas personalizadas y el tratamiento de la fascitis plantar.

Conoce todos nuestros servicios podológicos y agenda tu consulta. Tu salud podal es parte de tu salud laboral, y merece la misma atención que cualquier otra parte de tu cuerpo.

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