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Prevención de caídas en adultos mayores: El rol del podólogo

Cómo prevenir caídas en adultos mayores desde la podología: cuidado de pies, calzado y equilibrio. Podología Los Ángeles, Chile.

Las caídas representan uno de los problemas de salud pública más graves en la población adulta mayor. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un tercio de las personas mayores de 65 años sufre al menos una caída al año, y las consecuencias pueden ser devastadoras: fracturas, pérdida de autonomía, hospitalización prolongada e incluso fallecimiento.

Lo que muchas personas desconocen es que los pies juegan un papel determinante en el riesgo de caídas. Problemas podológicos no tratados, calzado inadecuado y la pérdida de sensibilidad plantar son factores que pueden prevenirse o corregirse con atención podológica adecuada.

En Podología Los Ángeles atendemos a una importante población de adultos mayores de la ciudad y la provincia del Biobío, y la prevención de caídas es una prioridad en nuestra práctica clínica.

Por qué los pies son clave en el equilibrio

Los pies son la base de sustentación del cuerpo y el principal punto de contacto con el suelo. La planta del pie contiene miles de receptores sensoriales (mecanorreceptores) que envían información al cerebro sobre la posición del cuerpo, la textura del suelo y los cambios de superficie. Este sistema propioceptivo es esencial para mantener el equilibrio y ajustar la postura en tiempo real.

Con el envejecimiento, varios cambios en los pies comprometen esta función:

  • Disminución de la sensibilidad plantar.
  • Reducción del tejido graso de amortiguación en la planta.
  • Pérdida de fuerza en la musculatura intrínseca del pie.
  • Rigidez articular progresiva.
  • Deformidades digitales (dedos en garra, juanetes).
  • Alteraciones en la piel y las uñas.

Factores podológicos de riesgo de caídas

Dolor en los pies

El dolor crónico en los pies obliga a modificar la forma de caminar. La persona reduce la longitud del paso, arrastra los pies, evita apoyar determinadas zonas y pierde fluidez en la marcha. Estas adaptaciones, lejos de proteger, aumentan el riesgo de tropiezos y desequilibrios.

Las causas más frecuentes de dolor podológico en adultos mayores incluyen:

  • Callosidades y helomas en zonas de presión.
  • Juanetes y deformidades digitales.
  • Uñas engrosadas o encarnadas.
  • Fascitis plantar y metatarsalgia.
  • Artritis del pie y el tobillo.

Pérdida de sensibilidad

La neuropatía periférica, especialmente frecuente en personas con diabetes, reduce la capacidad del pie para percibir el contacto con el suelo, las irregularidades del terreno y los cambios de posición. Esta pérdida de información sensorial altera gravemente el equilibrio.

Deformidades del pie

Los juanetes, los dedos en garra, el pie plano adquirido y otras deformidades modifican la superficie de apoyo del pie y alteran la biomecánica de la marcha. Además, dificultan el uso de calzado convencional y favorecen la aparición de zonas de presión dolorosas.

Problemas ungueales

Uñas gruesas, curvadas o encarnadas no solo causan dolor, sino que pueden modificar la forma de caminar. Una uña que presiona contra el calzado o contra el dedo vecino genera molestias que el adulto mayor compensa alterando su patrón de marcha.

El calzado como factor de riesgo

El calzado inadecuado es uno de los factores de riesgo modificables más importantes:

Calzado que aumenta el riesgo de caídas

  • Pantuflas sueltas, sin sujeción al pie.
  • Chancletas y sandalias sin correa trasera.
  • Zapatos con suela lisa o desgastada.
  • Calzado con tacón elevado.
  • Zapatos demasiado grandes o demasiado apretados.
  • Caminar descalzo sobre superficies lisas.
  • Calcetines sin zapatos sobre pisos resbaladizos.

Características del calzado seguro

El calzado ideal para la prevención de caídas en adultos mayores debe reunir:

  • Suela antideslizante con buen agarre.
  • Sujeción firme al pie: cordones, velcro o hebilla ajustable.
  • Contrafuerte rígido que estabilice el talón.
  • Horma amplia que acomode deformidades sin generar presión.
  • Poco peso para no aumentar la fatiga.
  • Suela con ligero drop (elevación del talón) para facilitar la marcha.

El rol del podólogo en la prevención

Evaluación integral del pie

El podólogo realiza una evaluación que incluye:

  • Exploración vascular: pulsos pedios, tiempo de llenado capilar, coloración.
  • Exploración neurológica: sensibilidad táctil, vibratoria y térmica mediante monofilamento y diapasón.
  • Evaluación biomecánica: tipo de pie, rango articular, alineación, patrón de marcha.
  • Estado de la piel y las uñas: callosidades, fisuras, lesiones, alteraciones ungueales.
  • Evaluación del calzado: revisión del calzado habitual del paciente.

Tratamientos preventivos

  • Quiropodia regular: la eliminación profesional de callosidades, durezas y el cuidado de las uñas reduce el dolor y mejora la estabilidad del apoyo plantar.
  • Plantillas ortopédicas: redistribuyen las presiones, mejoran la estabilidad y compensan deformidades.
  • Ortoplastia: dispositivos de silicona a medida para proteger dedos deformados y reducir la fricción.
  • Ortonixia: corrección de uñas curvadas que dificultan la marcha.

Ejercicios de fortalecimiento y equilibrio

El podólogo puede indicar y supervisar ejercicios específicos para mejorar la estabilidad del pie:

  • Fortalecimiento de la musculatura intrínseca: ejercicios de agarre con los dedos, extensión del arco.
  • Ejercicios de equilibrio: apoyo monopodal progresivo, caminata en tándem.
  • Ejercicios propioceptivos: trabajo sobre superficies inestables para estimular los receptores plantares.

Para una guía detallada de ejercicios, consulta ejercicios para fortalecer los pies.

Recomendaciones para el entorno doméstico

Además del cuidado podológico, es importante adaptar el hogar para reducir el riesgo:

  • Buena iluminación en pasillos, escaleras y baños.
  • Barras de apoyo en ducha y junto al inodoro.
  • Alfombrillas antideslizantes en baño y cocina.
  • Retirar cables, alfombras sueltas y obstáculos del suelo.
  • Mantener los objetos de uso frecuente a una altura accesible.

Frecuencia de control podológico

Para adultos mayores, se recomienda una visita al podólogo:

  • Cada dos a tres meses para personas con diabetes, neuropatía o problemas circulatorios.
  • Cada tres a cuatro meses para personas con deformidades, callosidades recurrentes o dificultad para el autocuidado.
  • Cada seis meses para adultos mayores sanos como medida de prevención.

Para más información sobre el cuidado podológico en la tercera edad, consulta nuestro artículo sobre podología geriátrica y nuestra guía sobre cómo cuidar los pies de personas mayores.

Conclusión

La prevención de caídas en adultos mayores es un esfuerzo multidisciplinario en el que el podólogo cumple un rol fundamental. Mantener los pies sanos, sin dolor y con buena sensibilidad, usar calzado adecuado y fortalecer la musculatura del pie son medidas concretas que pueden reducir significativamente el riesgo de caídas y sus graves consecuencias. En Podología Los Ángeles, Sanatorio del Pie, estamos comprometidos con la salud y la seguridad de nuestros pacientes mayores en Los Ángeles y toda la región del Biobío.

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