Periostitis tibial y su relación con el pie: Causas y prevención
Entiende la periostitis tibial, cómo se relaciona con la biomecánica del pie y su prevención. Podología Los Ángeles, Chile.
La periostitis tibial, comúnmente conocida como "dolor de espinillas" o "shin splints" en el ámbito deportivo anglosajón, es una de las lesiones por sobreuso más frecuentes entre corredores, futbolistas y personas que practican actividades de impacto. Aunque el dolor se localiza en la pierna, su origen está muchas veces directamente vinculado a la biomecánica del pie y a factores que el podólogo puede identificar y corregir.
En Podología Los Ángeles, Sanatorio del Pie, trabajamos de la mano con deportistas de la ciudad y la región del Biobío para abordar esta patología desde la raíz, no solo desde el síntoma.
¿Qué es la periostitis tibial?
La periostitis tibial es una inflamación del periostio, la membrana que recubre el hueso de la tibia. Se produce por la tracción excesiva y repetida de los músculos y tendones que se insertan en esta estructura, especialmente el tibial posterior, el sóleo y el flexor largo de los dedos.
El dolor se localiza típicamente en el borde interno de la tibia, en su tercio medio o inferior, y aparece durante o después de la actividad física. En fases iniciales, las molestias ceden con el reposo, pero si se ignoran pueden volverse persistentes e incluso derivar en fracturas por estrés.
Clasificación
- Periostitis tibial medial: la más frecuente, con dolor en el borde interno de la tibia. Relacionada con la musculatura estabilizadora del arco plantar.
- Periostitis tibial anterior: menos común, afecta la cara anterior de la pierna. Relacionada con los músculos extensores del pie.
La conexión entre el pie y la periostitis
Aquí es donde la podología juega un papel fundamental. El pie es la base de toda la cadena cinética de la extremidad inferior, y sus alteraciones biomecánicas repercuten directamente en la pierna.
Pronación excesiva
La causa biomecánica más frecuente de periostitis tibial medial es la hiperpronación del pie. Cuando el pie prona en exceso durante la marcha o la carrera, el arco longitudinal desciende más de lo normal, lo que obliga al músculo tibial posterior a trabajar en exceso para estabilizar el pie. Esta sobrecarga repetida se transmite a su inserción en la tibia, inflamando el periostio.
Pie plano flexible
El pie plano flexible, especialmente cuando no está compensado, incrementa la demanda sobre la musculatura intrínseca y extrínseca del pie y la pierna. Los corredores con pie plano sin el soporte adecuado tienen un riesgo considerablemente mayor de desarrollar periostitis.
Pie cavo rígido
Paradójicamente, el pie cavo también puede causar periostitis, aunque por un mecanismo diferente. Al ser un pie con menor capacidad de absorción de impactos, la energía del contacto con el suelo se transmite de forma más directa a la tibia, especialmente en superficies duras.
Inestabilidad de tobillo
Los esguinces de tobillo mal rehabilitados generan inestabilidad crónica que modifica el patrón de la pisada. Esta alteración aumenta las fuerzas de torsión sobre la tibia con cada paso.
Factores de riesgo adicionales
Además de los factores biomecánicos del pie, existen otros elementos que predisponen a la periostitis:
- Aumento brusco del volumen o intensidad de entrenamiento: el error más común entre corredores principiantes o quienes retoman la actividad tras un período de inactividad.
- Superficie de entrenamiento: correr siempre sobre asfalto o concreto genera más impacto que hacerlo sobre tierra o pista sintética.
- Calzado desgastado o inadecuado: un calzado que ha perdido su capacidad de amortiguación o que no se ajusta al tipo de pisada del corredor favorece la aparición de lesiones.
- Debilidad muscular: la insuficiencia de los músculos estabilizadores del pie, el tobillo y la cadera repercute en toda la cadena cinética.
- Sexo femenino: las mujeres tienen una incidencia ligeramente mayor, posiblemente relacionada con diferencias hormonales que afectan la densidad ósea y la biomecánica pélvica.
Diagnóstico
El diagnóstico de la periostitis tibial es fundamentalmente clínico:
- Dolor a la palpación a lo largo del borde interno de la tibia.
- Dolor durante la actividad que cede parcialmente con el reposo.
- Ausencia de dolor focal puntual (que sugeriría fractura por estrés).
Desde el punto de vista podológico, la evaluación incluye:
- Estudio biomecánico de la marcha y la carrera.
- Análisis del tipo de pie y su comportamiento dinámico.
- Evaluación del calzado deportivo.
- Test de movilidad articular y fuerza muscular del pie y el tobillo.
En casos de duda, una radiografía o resonancia magnética puede descartar fracturas por estrés u otras patologías óseas.
Tratamiento
Fase aguda
- Reposo relativo: reducir la actividad que provoca dolor, sin necesidad de inmovilización total. Se puede sustituir la carrera por actividades de bajo impacto como natación o ciclismo.
- Hielo local: aplicar frío durante 15-20 minutos varias veces al día para reducir la inflamación.
- Antiinflamatorios: bajo prescripción médica, para controlar el dolor y la inflamación.
Corrección biomecánica
Es la clave para la resolución definitiva del problema:
- Plantillas ortopédicas personalizadas: diseñadas para controlar la pronación excesiva, sostener el arco plantar y redistribuir las cargas. Son el tratamiento podológico de elección para la periostitis recurrente. Más información en nuestro artículo sobre plantillas ortopédicas: cuándo son necesarias.
- Calzado adecuado: seleccionar zapatillas de running con el nivel de estabilidad o amortiguación acorde al tipo de pisada y peso del corredor. Consulta nuestra guía sobre cómo elegir el calzado adecuado.
- Vendaje funcional: en la fase de transición, puede aplicarse vendaje neuromuscular o funcional para reducir la tracción sobre el periostio.
Fortalecimiento y flexibilidad
- Ejercicios de fortalecimiento del tibial posterior: elevar el arco del pie en carga, caminar de puntillas, ejercicios con banda elástica.
- Fortalecimiento de la musculatura intrínseca del pie: ejercicios de prensión con los dedos, extensión activa del arco.
- Estiramientos de gemelos y sóleo: imprescindibles para reducir la tracción sobre la tibia.
- Trabajo de estabilidad de cadera y core: una pelvis estable mejora la alineación de toda la extremidad inferior.
Retorno progresivo a la actividad
La vuelta al entrenamiento debe ser gradual, respetando la regla del 10%: no aumentar el volumen semanal más de un 10% respecto a la semana anterior. Alternar superficies de entrenamiento y días de carrera con días de recuperación activa.
Prevención
- Usa calzado deportivo en buen estado y renuévalo cada 600-800 kilómetros.
- Si tienes alteraciones biomecánicas, usa plantillas desde el inicio de la actividad deportiva.
- Incrementa el entrenamiento de forma progresiva.
- Incluye ejercicios de fortalecimiento y flexibilidad en tu rutina.
- Varía las superficies de entrenamiento.
- Escucha a tu cuerpo: el dolor es una señal, no un obstáculo a ignorar.
En Podología Los Ángeles realizamos estudios biomecánicos completos para deportistas de todas las disciplinas. Si sufres dolor en las espinillas que no cede, agenda tu evaluación y abordemos el problema desde su origen.